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Ansiedad en jóvenes: el CIJ alerta

El CIJ advirtió un alza de ansiedad y depresión entre jóvenes de Sinaloa, según debate.com.mx.

Por Daniel Herrera · Respira
· 3 min de lectura
Ansiedad en jóvenes: el CIJ alerta
Foto: TBD Tuyên / Pexels

Son las 2:00 a. m. y sigues despierto dándole vueltas a lo mismo. El CIJ alertó sobre un aumento de la ansiedad en jóvenes de Sinaloa, informó debate.com.mx. Vale la pena mirar esa alerta de frente.

Una alerta que conviene escuchar

El aviso llega desde Sinaloa, y me pregunto cuántos jóvenes lo van a leer reconociéndose.

En la iglesia el tema suele llegar con frases hechas: que es falta de fe, que hay que echarle ganas, que orando se quita. Creo que eso no consuela: pesa más. Quien ya no duerme no necesita otro recordatorio de que está fallando.

«Pedir ayuda es humildad, no derrota.»

— Daniel Herrera

La Escritura no trata la ansiedad como una vergüenza que hay que esconder. Presenta al ser humano como imagen de Dios: digno y valioso, pero también limitado. Hay cuerpos que enferman y mentes que enferman, y eso no contradice la fe.

Elías se derrumbó bajo un árbol, y lo primero que recibió fue comida y sueño antes que una tarea nueva (véase 1 Reyes 19:5-7).

Pedir ayuda no es rendirse

«Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu.» (Salmo 34:18, RVR1960) Fíjate en lo que promete: cercanía. No dice que el dolor se irá mañana ni que basta con un versículo bien elegido.

Pedir ayuda —a un amigo, a un pastor, a un psicólogo, a un médico— es humildad, no derrota. Orar y recibir tratamiento no compiten entre sí. Quien dice «no puedo solo» está diciendo la verdad sobre sí mismo, y la verdad es mejor punto de partida que la máscara.

«Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.» (2 Corintios 12:9, RVR1960) Pablo escribe eso después de pedir tres veces que le quitaran algo que le dolía. La respuesta no fue una cura inmediata, sino una gracia suficiente.

Dos cuidados que importan: nadie diagnostica a un amigo en una conversación de cafetería, y nadie cambia terapia por oración. Si alguien te dice que tu ansiedad es falta de fe, respóndele con calma: hasta el profeta necesitó pan y descanso antes de seguir caminando.

Lo que puede hacer tu iglesia

Una iglesia que acompaña bien no necesita grandezas, sino constancia. Algunas ideas concretas:

  • Escuchar sin apurar el consejo. A veces el mejor aporte es quedarse callado y presente.
  • Ofrecer lo práctico: acompañar a una cita, cubrir un turno, avisar a un adulto de confianza cuando algo se ve mal.
  • Nombrar el tema en voz alta. Lo que no se nombra se esconde, y lo escondido crece.
  • Predicar sin culpar. El púlpito no es el lugar para señalar desde arriba a quien ya está cansado.
  • Cuidar a quienes cuidan: líderes de jóvenes, maestros y pastores también se agotan.

Y límites claros: si notas señales de riesgo, no lo cargues solo. Habla con un adulto de confianza, con un profesional de la salud o con tu pastor. En una emergencia, llama a los servicios de emergencia de tu país. Para ubicar una línea de ayuda donde vives, Sígueme recomienda el directorio https://findahelpline.com.

Esta semana elige a una persona de confianza y cuéntale cómo estás durmiendo. Si eres tú quien nota a un amigo distinto, pregunta dos veces: la segunda suele abrir la puerta. Tu valor no depende de lo que rindes, y la esperanza no está en el rendimiento, sino en Cristo, que sostiene a los quebrantados.

Fuentes

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