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Giovany Herbert y su «gracias a Dios» por el gol

El jugador de Panamá celebró el gol con una frase de gratitud; la pregunta es qué hacemos nosotros cuando algo nos sale bien.

By Tomás Aguirre · La Cancha
· 2 min read
Giovany Herbert y su «gracias a Dios» por el gol
Photo: FC Kryvbas (fckryvbas.com) — foto oficial del club

«Contento por el gol y gracias a Dios pude hacer un buen partido», dijo Giovany Herbert, jugador de la selección de Panamá, según RPCTV. ¿Qué hacemos con el crédito cuando algo nos sale bien?

La gratitud no es un amuleto

Hay dos maneras de decir «gracias a Dios». La primera nace del asombro: reconoces que lo bueno que recibiste no lo fabricaste tú. La segunda es pura fórmula, dicha rápido, como quien toca madera antes de patear. La diferencia aparece en los días malos, cuando ya no hay gol que agradecer.

Esto no es un tema exclusivo de futbolistas famosos. Es lo que pasa cuando apruebas el examen que estudiaste, cuando te sale el proyecto, cuando gana tu equipo del barrio. La reacción espontánea revela en qué estás confiando.

Pablo escribió a una iglesia joven: «Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús» (1 Tesalonicenses 5:18, RVR1960). En todo. No solo en la victoria: también en el partido que se pierde, en la lesión, en la banca. Ahí la gratitud deja de ser amuleto y se vuelve carácter.

Un amuleto se usa para conseguir algo. El carácter se forma cuando no conseguiste nada y aun así reconoces que Dios sigue siendo bueno. Eso no se aprende en una noche de gloria, sino en la semana silenciosa que nadie comparte.

A quién le das el crédito

Después de un gol, el reflector es tuyo unos segundos. Son segundos peligrosos. La memoria se acorta y uno empieza a creer que el talento, el entrenamiento y el resultado son propiedad privada. La Escritura pregunta directo: «¿Qué tienes que no hayas recibido?» (1 Corintios 4:7, RVR1960).

Herbert dijo que estaba contento por el gol, y eso es sano. Lo que llama la atención es la segunda mitad de su frase. No estoy diciendo que Dios le regaló el gol ni que su fe le dio el resultado. No sé qué hay en su corazón, y una declaración breve no convierte a nadie en modelo ni en maestro.

Sí sé que agradecer en público es una decisión, y que las decisiones pequeñas muestran cómo entiende alguien su propio lugar. En un deporte que mide el valor por el marcador y por los seguidores, decir «gracias a Dios» apunta hacia arriba y no hacia uno mismo. Al menos, esa es la dirección correcta.

Un paso para esta semana

Elige un momento de hoy: el entrenamiento, el examen, la junta. Al terminar, antes de mirar el celular, nombra en voz alta dos cosas que salieron bien y una persona que te ayudó a lograrlas. Después díselo a esa persona. Sin discursos: una frase basta.

La gratitud entrenada así ya no depende del marcador. Y cuando llegue la noche en que nada salga bien, tendrás algo más firme que un buen resultado: una razón para seguir. ¿A quién le das el crédito cuando algo te sale bien?

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