Salud mental juvenil: la IA no reemplaza a un rostro
Cuatro de cada diez jóvenes de 18 a 24 años reporta síntomas moderados o graves de ansiedad, depresión o estrés en México.
La psicóloga Luz Alejandra Fernández Villanueva dijo a IMER Noticias que muchos jóvenes ya hablan de sus problemas con un chatbot. La salud mental juvenil en México muestra un malestar persistente, según el INEGI y las encuestas de 2025.
Para muchos, el primer lugar donde cuentan cómo les fue no es la mesa de la casa ni un amigo: es una ventana de chat. La generación más conectada de la historia carga también una de las soledades más hondas.
Cerca del 40 % de las personas de 18 a 24 años reporta ansiedad, depresión o estrés de intensidad moderada o grave. Entre los 12 y los 17 años, el peso es mayor en las mujeres: 13.2 % frente a 6.9 % en los hombres.
«La generación más conectada de la historia carga también una de las soledades más hondas.»
El uso intensivo de TikTok, Instagram y WhatsApp se relaciona con más aislamiento percibido y frustración. La conversación constante en pantalla puede ir desplazando los vínculos cara a cara, hasta dejar una soledad acompañada.
Fernández Villanueva ubicó la raíz en dos lugares: la soledad y la falta de comunicación en la familia. Cuando en casa nadie pregunta de verdad, el chat se vuelve el sitio más amable para hablar. Y un algoritmo siempre tiene tiempo.
La compañía de una pantalla no es presencia
Un chatbot responde a cualquier hora. No se cansa, no se distrae, no juzga. Por eso se siente seguro. Pero no te mira, no te abraza, no se queda callado contigo cuando no hay nada que decir. Cuando todo pasa por texto se pierde lo que solo sucede en persona: la mirada, el tono, el abrazo. Una máquina repite tus frases; no lleva tu carga.
La Escritura lo dice temprano: «No es bueno que el hombre esté solo» (Génesis 2:18, RVR1960). No es una falla de carácter ni un castigo: es un diseño. Fuimos hechos para rostros, voces y manos que llegan. La pantalla acompaña un rato; presencia es otra cosa.
Lo que la familia puede mirar a tiempo
Fernández Villanueva advirtió que las redes también exponen a adolescentes y niños a burlas, agresiones y difusión de imágenes, y que eso golpea la autoestima. En casa, dijo, hay señales que conviene mirar: aislamiento, cambios en el sueño o en el apetito, irritabilidad y tristeza que no pasa.
Su consejo va al revés del interrogatorio: «Acérquese a su gente, a sus adolescentes, a sus jóvenes a platicar inicialmente más que a interrogar». Con esa confianza, sostuvo, se puede hablar después de cosas más graves. También pidió acompañar el uso de los dispositivos, aprender a usar los controles parentales y pedir orientación profesional si esos cambios se mantienen.
Un grupo pequeño, un rostro real
Si eres tú quien se siente solo, no esperes a que alguien lo adivine. Un grupo pequeño en tu iglesia hace algo que ningún algoritmo logra: nota si faltaste. Elige dos o tres personas y cuéntales lo real, no solo lo presentable. «No dejando de congregarnos» (Hebreos 10:25, RVR1960) no es una regla de asistencia; es la promesa de que la fe se sostiene con otros.
Si el malestar sigue por semanas, hablar con un profesional de la salud no es falta de fe. Es cuidado de tu vida. Si es una emergencia, busca los servicios de emergencia de tu país y avisa a alguien de confianza. Y si quieres ubicar una línea de ayuda, Sígueme te recomienda el directorio findahelpline.com.
Esta semana puedes hacer algo simple: piensa en la persona a la que le contarías lo que te pasa y mándale un mensaje. No tiene que ser una conversación larga. Puede empezar con una pregunta honesta: ¿a quién le cuentas lo que te pasa?