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Ir a la iglesia no te asegura un buen matrimonio

El IFS asocia la fe practicada con matrimonios más felices: 74% de los protestantes que van a la iglesia lo califica así.

Por Daniel Herrera · Respira
· 3 min de lectura
Ir a la iglesia no te asegura un buen matrimonio
Foto: Francesco Ungaro / Pexels

Un informe del Instituto de Estudios Familiares (IFS) revisó a 3 125 adultos casados en Estados Unidos, de entre 18 y 54 años, y encontró una relación entre ir a la iglesia con constancia y una mayor satisfacción matrimonial, según NotiCristiana.com.

Fíjate en la palabra: relación. El informe no afirma que congregarse cause por sí solo un buen matrimonio. Mira lo que aparece en los datos, y ahí hay algo que le sirve a quien piensa casarse, a quien ya se casó y a quien observa a sus papás preguntándose qué los sostiene.

Lo que muestra el informe

El documento se titula «La diferencia de la devoción» y cruza la práctica religiosa con la calidad del matrimonio y la vida sexual. Se apoya en dos encuestas: la Social General y la de Religión y Familia del IFS. Participaron 1 243 protestantes y 1 080 católicos.

«La etiqueta de cristiano no sostiene nada por sí sola.»

— Daniel Herrera

Entre los protestantes que iban a la iglesia, cerca del 66% estaba casado, más que en otros grupos. El 74% de los protestantes practicantes puso su matrimonio en las dos categorías de mayor satisfacción. En católicos practicantes la cifra llegó al 79%, y entre quienes no profesan religión, al 66%.

Las rupturas también aparecieron menos: 34% en protestantes practicantes y 27% en católicos practicantes, frente al 54% de los protestantes que no practicaban.

La oración aportó otro dato. El 77% de los protestantes que oraban a diario consideraba estable su matrimonio, contra el 66% de los que oraban menos. Quienes asistían con regularidad a la iglesia también reportaron más frecuencia y satisfacción sexual.

La comunidad pesa más que la etiqueta

Los autores no lo explicaron por la afiliación religiosa en sí. Apuntaron a la práctica constante, a lo que la pareja cree en común, al compromiso, a los vínculos con otros creyentes y a la oración. O sea: la etiqueta de cristiano no sostiene nada por sí sola. Lo que pesa es una fe que se vive con otros.

Eso incomoda. Hay quienes crecieron con el rótulo y sin iglesia, y llegan al matrimonio repitiendo lo que vieron en casa. También hay matrimonios fieles que atraviesan divorcio, enfermedad o distancia, y ningún porcentaje mide ese dolor. Las cifras son promedios, no sentencias. La gracia de Dios no se activa por cumplir pasos.

Aun así, el patrón habla fuerte. Una pareja joven suele tambalear cuando cada uno camina solo: sin alguien que le pregunte cómo está, sin hermanos que oren por esa relación, sin un pastor que aconseje antes de que el problema se vuelva urgente.

Orar juntos no es un truco

La oración aparece asociada a la estabilidad. No como amuleto ni como técnica para conseguir lo que quieres. Orar es hablar con Dios y poner delante de él lo que duele. Cuando dos oran, dejan de pelear solos contra lo mismo. Es comunidad en miniatura, y la Escritura lo celebra: «y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto» (Eclesiastés 4:12, RVR1960).

Lo práctico para esta semana: pregúntale a tu pareja, o a un amigo casado, quién ora por su matrimonio y los conoce de cerca. Si la respuesta es nadie, busquen una iglesia donde puedan caminar acompañados. Y si todavía eres soltero, empieza por ahí: tu fe también necesita compañía. ¿Se vive acompañada tu fe, o solo cargas la etiqueta?

Fuentes

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