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Dar cuando todo está caro: 4 pasos que caben en tu quincena

La generosidad no depende de lo que sobra al final del mes; se decide antes y se sostiene con lo que hay.

Por Andrés Salazar · Bolsillo
· 3 min de lectura
Dar cuando todo está caro: 4 pasos que caben en tu quincena
Foto: Ahsanjaya / Pexels

Cuando todo está caro, ¿es la ofrenda lo primero que sale de tu presupuesto? La renta, la comida y lo que mandas a casa van primero; la generosidad queda para cuando sobre. El problema es que el sobrante nunca llega.

El orden revela el corazón

Jesús no habló de montos, habló de tesoros. «Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón» (Mateo 6:21, RVR1960). El problema de fondo no es la inflación. Es el orden.

Si das solo cuando sobra, tu generosidad depende de tu cálculo, y el cálculo siempre queda corto. La raíz es vieja: creemos que lo que hay en la cuenta es nuestro y que Dios compite con la renta. No eres dueño; administras lo que recibiste.

«Cuando el costo de vida aprieta, el deseo de dar no se apaga: cambia de forma.»

— Andrés Salazar

Dar no te gana nada delante de Dios: la salvación es regalo, no cuota. Das porque recibiste, no para recibir.

Cuando el costo de vida aprieta, el deseo de dar no se apaga: cambia de forma. Estos cuatro pasos caben en una quincena apretada.

Cuatro pasos que caben en la quincena

Uno: un monto fijo y recurrente. Escoge una cantidad que puedas sostener cada quincena, aunque parezca poca cosa. Lo pequeño y constante pesa más que lo grande y olvidado.

Dos: aparta antes de gastar. El diezmo no es propina del sobrante; se separa primero, como la renta. En la Escritura la ofrenda se aparta el primer día y luego se vive con lo demás (véase 1 Corintios 16:2).

Tres: ajusta el monto, no la costumbre. Si tu ingreso baja, baja la cifra, pero no dejes de dar. Si sube, sube con ella. Lo que se sostiene se vuelve parte de tu vida, no un arranque de emoción.

Cuatro: da tiempo cuando el dinero no alcanza. Tus horas, tus manos y tu oído también son recursos que Dios te dio.

No busques una fórmula para recibir más. «Porque si primero hay la voluntad dispuesta, será acepta según lo que uno tiene, no según lo que no tiene» (2 Corintios 8:12, RVR1960). Dios no te pide lo que no tienes.

Cuando no hay dinero, hay tiempo

Hay quincenas en que, después de cubrir todo, no queda nada para transferir. Ahí tu generosidad no se acaba: se muda. Puedes acompañar a un vecino mayor a hacer el mandado, cuidar niños para que una mamá llegue al estudio bíblico o traducir un trámite a alguien que no domina el idioma.

También puedes enseñar inglés o matemáticas, ayudar en la limpieza del templo, cocinar para quien está enfermo o simplemente escuchar a alguien que lleva meses sin que nadie lo escuche. Nada de eso aparece en un recibo, pero todo cuesta algo: tu tiempo.

Si ayudas en casa o mandas dinero a tu familia, ese compromiso también cuenta delante de Dios. No es poco. Es mayordomía.

Este mes haz algo medible: define tu monto, prográmalo para el día que cobras y decide a quién le vas a regalar horas de tu semana. La generosidad no se mide por lo que sobra, sino por lo que decides confiar a Dios primero. ¿Qué puedes dar este mes sin gastar un solo peso?

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