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Cómo acompañar a un adolescente que se apaga

Escuchar sin apurarte a dar consejos ya es una ayuda real para un adolescente que se apaga.

Por Daniel Herrera · Respira
· 2 min de lectura
Cómo acompañar a un adolescente que se apaga
Foto: Teodor Olei / Pexels

Se encierra en su cuarto. Come rápido, contesta corto y repite la misma frase: «estoy bien». Tú lo miras y no sabes si creerle. Quieres ayudar a un adolescente que se apaga y no encuentras por dónde entrar.

Puede ser tu hermano menor, tu primo, el chico de tu grupo de jóvenes. Lo conoces desde niño. Y justo por eso te pesa: antes hablaba, ahora no.

Antes de hablar, aprende a quedarte

Hay un versículo incómodo para quienes amamos dar consejos: «Ojalá callarais del todo, y esto os sería sabiduría» (Job 13:5, RVR1960). Job se lo dijo a sus amigos, los mismos que llegaron a consolarlo y terminaron acusándolo.

«Escuchar no es hacer menos. Es hacer lo que casi nadie hace.»

— Daniel Herrera

Santiago lo repite con otras palabras: «todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse» (Santiago 1:19, RVR1960).

Escuchar no es hacer menos. Es hacer lo que casi nadie hace. Un joven que se apaga rara vez necesita tu mejor argumento. Necesita comprobar que alguien aguanta el silencio sin llenarlo.

Puedes hacer preguntas que no exijan respuesta rápida: ¿qué es lo que más te pesa esta semana? ¿Cuándo empezaste a sentirte así? Después, calla. Aguanta el hueco. Si no contesta, no es rechazo. Es confianza que todavía se está formando.

Lo que no te toca cargar

No eres su psicólogo y no tienes que serlo. La tristeza que dura semanas, el sueño que no llega, la ansiedad que aprieta el pecho: eso no se resuelve con un versículo ni con una charla de una hora.

La oración y la ayuda profesional no compiten. Dios es soberano también sobre el cuerpo y la mente, y usa a médicos, terapeutas y consejeros.

Hay frases que conviene guardar. «Es que te falta fe» echa sobre él un peso que no le corresponde. «Otros están peor» no consuela a nadie. «Ya se te va a pasar» promete algo que no puedes garantizar.

Tampoco le prometas secreto absoluto. Si hay riesgo, necesitas un adulto de confianza, un profesional o su pastor. En una emergencia, los servicios de emergencia de tu país. Y en findahelpline.com puedes encontrar la línea de ayuda que funciona donde él vive.

Veinte minutos, sin pantallas

Esta semana propón algo simple: caminar veinte minutos con él. Sin celular en la mano, sin audífonos, sin plan elaborado.

Caminar ayuda por una razón sencilla. Hombro con hombro se habla distinto que cara a cara. Y el cuerpo en movimiento baja la presión de la conversación.

No lleves una lista de temas. Lleva una pregunta. Si no responde, camina igual. La constancia dice lo que las palabras no alcanzan: sigo aquí.

Cada joven lleva la imagen de Dios. Por eso su dolor no es un problema que hay que arreglar rápido, sino una persona que hay que sostener despacio. Tú no puedes cambiarlo. Pero puedes quedarte. Y muchas veces quedarse es el principio de todo lo demás.

¿Con quién vas a caminar esta semana?

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