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Ansiedad en adolescentes: uno de cada seis la vive

Las adolescentes casi duplican a los varones en síntomas graves, y casi dos tercios de los casos graves también cumple criterios de depresión.

Por Daniel Herrera · Respira
· 3 min de lectura
Ansiedad en adolescentes: uno de cada seis la vive
Foto: This And No Internet 25 / Pexels

La ansiedad en adolescentes no es un defecto secreto. Un análisis de la Universidad de Connecticut, informado por La Opinión, encontró que uno de cada seis jóvenes de 12 a 20 años presenta síntomas moderados o graves.

Lo que reveló la encuesta

Detrás del número hay un estudio publicado en JAMA Pediatrics y basado en la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas y Salud de 2024. Fue el primer año en que esa encuesta midió ansiedad, contó Greg Rhee, quien dirigió la investigación y enseña salud pública en la Universidad de Connecticut. Eso permite seguir las tendencias con el tiempo, detectar desigualdades nuevas y ver si mejora el acceso al tratamiento, declaró a ABC News.

En el grupo con ansiedad grave, cerca de dos tercios también reunía criterios de depresión grave, y alrededor de un tercio reportó abuso de sustancias. Casi la mitad de ellos habló de pensamientos suicidas. Y ellas tuvieron casi el doble de probabilidades que ellos de mostrar síntomas graves.

«Tu valor no depende de tus notas, de tu productividad ni de cuánto aguantas sin quejarte.»

— Daniel Herrera

Cómo se ve por dentro

Sentir mariposas antes de un examen, una mudanza o un conflicto con amigos puede ser normal. La Academia Estadounidense de Pediatría indica que el asunto preocupa cuando los síntomas interfieren con las actividades de todos los días.

Las señales no siempre son dramáticas: irritabilidad, problemas para concentrarse, miedos que regresan, timidez extrema, aislamiento, calificaciones que caen y negarse a ir a la escuela. Los especialistas también relacionan el uso excesivo de redes sociales con más ansiedad y más soledad.

Ponerle nombre a lo que sientes ayuda. No para autodiagnosticarte frente al espejo, sino para contarlo sin vergüenza y pedir ayuda con palabras claras.

Un lugar donde no tienes que rendir

Tu valor no depende de tus notas, de tu productividad ni de cuánto aguantas sin quejarte. Fuiste creado a imagen de Dios (véase Génesis 1:27), y eso no se mide con un promedio. La ansiedad no es falta de fe.

Pedro escribe: «echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros» (1 Pedro 5:7, RVR1960). Y Jesús invita: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar» (Mateo 11:28, RVR1960). Él no pide que llegues con todo resuelto.

Cada joven de esa encuesta es una persona con nombre, no una cifra en un gráfico. Si tu casa o tu iglesia se volvieron un lugar donde solo cuenta el rendimiento, algo hay que corregir: la familia y la comunidad cristiana están llamadas a ser descanso, no una evaluación constante.

Buscar ayuda no es debilidad ni falta de espiritualidad. Orar y recibir terapia pueden caminar juntos; una cosa no reemplaza a la otra.

Hoy puedes dar un paso pequeño y concreto: contárselo a alguien de confianza. Un adulto, un profesional de la salud o tu pastor. Si la situación te desborda, acude a los servicios de emergencia de tu país; en findahelpline.com puedes encontrar la línea de ayuda de tu zona. ¿A quién le escribirías hoy un mensaje que empiece con «necesito hablar»?

Fuentes

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