José Mota: «Él es el centro de mi existencia»
A los 61 años, José Mota habló en público de su fe en Jesús, según recoge el medio ABC.
José Mota tiene 61 años y lo dijo claro: «Me siento feliz por estar cada día más cerca de Jesús. Él es el centro de mi existencia», según recoge ABC.
Esa palabra merece más atención de la que suele recibir. Un centro es una decisión de arquitectura: sostiene lo demás y decide qué se cae cuando el terreno tiembla. Cambia el centro y cambia la casa entera.
Para quien creció midiendo el día en notificaciones, una frase así suena a contracultura.
«Un centro sostiene lo demás y decide qué se cae cuando el terreno tiembla»
Cuando el «me gusta» manda
Nadie es inmune a la aprobación. Publicas una foto y revisas el celular cada pocos minutos. Un comentario amable te levanta la tarde; uno grosero te la arruina. Ese intercambio parece inofensivo, pero enseña algo peligroso: que tu valor lo fijan los demás.
Jesús habló de esto sin rodeos: «Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón» (Mateo 6:21, RVR1960). Si tu tesoro es una métrica, tu corazón vivirá inquieto. Una identidad que depende de desconocidos nunca descansa, porque nunca termina de ser aprobada.
Lo que un aplauso no sostiene
A todos nos gusta que reconozcan el trabajo bien hecho. El problema aparece cuando el reconocimiento deja de ser un regalo y se vuelve una necesidad. En ese punto la persona deja de crear, de servir y de decir la verdad, y empieza a administrar su imagen.
El centro también se nota en lo pequeño. Si Cristo está al centro, tratas igual al que te puede dar algo y al que no te dará nada. Decides con tu tiempo y tu dinero pensando en lo que Dios valora, no en lo que se ve bien en una captura de pantalla.
«Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten» (Colosenses 1:17, RVR1960). Si todo subsiste en él, tu valor también. No eres valioso por tus números, sino por creación y por gracia. Y si estás en Cristo, tu identidad no se cae cuando la gente cambia de opinión.
Una fe que ordena, no que presume
Una declaración de fe dicha en público no convierte a nadie en héroe ni en maestro. No hace falta canonizarlo ni condenarlo; el evangelio nunca ha sido una insignia que se luce, sino un señor que se sigue.
Tampoco es una etiqueta de iglesia ni una campaña. Es una manera de vivir el lunes: el trabajo cambia de dueño y se vuelve vocación, algo que se hace bien porque se hace delante de Dios. Y el trato con la gente cambia, porque nadie construye nada bueno hiriendo a otros por un momento de atención.
Haz un ejercicio esta semana. Mira tu historial de pantalla y las horas que le das a cada cosa. Lo que aparece arriba de todo es tu centro real, aunque nunca lo hayas dicho en voz alta.
La frase de Mota es corta y difícil de vivir. ¿Qué ocupa el centro de tu vida, y qué tendría que moverse para que sea Jesús? No es una pregunta para responder rápido; es para quedarse con ella toda la semana.