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MúsicaNoticia

Gándara vuelve a Panamá: adoración que no se apaga

La cantante se reencontró con el público panameño en una noche de adoración, según Panamá América.

Por Mateo Ríos · Frecuencia
· 3 min de lectura
Gándara vuelve a Panamá: adoración que no se apaga
Foto: Wikimedia Commons (Marcela Gándara en concierto)

Marcela Gándara vuelve a Panamá para una noche de adoración, informó Panamá América. El medio tituló la presentación como un reencuentro de la cantante con el público del país.

Reencuentro es una palabra que dice más de lo que parece. Habla de alguien que ya estuvo, que dejó algo y que regresa. Para muchos jóvenes hispanos, las canciones de adoración funcionan como marcas en el calendario: ahí estaba yo cuando las canté por primera vez, en un campamento, en un retiro, en el culto de un viernes.

Adoración en dos direcciones

Una noche de adoración tiene dos públicos a la vez. El de las butacas mira al escenario; el cielo recibe el canto. Cuando esas dos miradas se confunden, el concierto se come a la adoración: el artista queda en el centro y Dios pasa a ser el invitado. La Escritura no deja duda sobre dónde apunta el canto: «Cantad a Jehová un nuevo cántico; cantad a Jehová toda la tierra» (Salmos 96:1, RVR1960).

«La adoración se mide en lo que queda cuando se apagan las luces»

— Mateo Ríos

Eso no le quita mérito a nadie. Un buen músico estudia, ensaya y cuida su voz. El asunto es hacia dónde apunta el micrófono cuando el recinto canta. La misma noche puede ser adoración o puede ser un espejo gigante donde todos se miran a sí mismos. La diferencia casi nunca está en el escenario; está en el corazón de quien canta y de quien escucha.

El escenario también es un servicio

Detrás de una noche así hay trabajo que nadie aplaude: sonido, luces, músicos que ensayan, voluntarios que acomodan sillas y gente que ora antes de abrir puertas. Todo eso es vocación, no relleno. La fe no se vive solo en el momento del canto; se vive en cómo se hace el trabajo. «Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres» (Colosenses 3:23, RVR1960). Si el montaje y la mezcla se hacen para el Señor, la noche entera es adoración y no un show con fondo espiritual.

Lo que te llevas a casa

Cantar fuerte en un recinto lleno es fácil; la prueba llega el lunes. La adoración se mide en lo que queda cuando se apagan las luces y vuelves al trabajo, a la escuela, al tráfico.

Aquí va un paso concreto. Elige un tema, escúchalo sin el celular en la mano y cántalo como oración, no como karaoke. Después escribe la frase que más te llegó y mándasela a alguien que esté pasando un momento pesado. Lo mismo ocurre en San Juan, en Orlando o en Panamá: la escena se repite cada semana en iglesias sin pantallas ni luces, donde un grupo pequeño canta desafinado y Dios recibe lo mismo.

No hace falta un estadio para adorar. Basta un corazón que reconozca delante de quién está. La esperanza no está en la emoción de una noche, sino en el Dios al que esa noche apunta. Si vuelves a escuchar esas canciones, que sea para mirar más arriba del escenario: ¿qué canción te devolvió el rumbo esta semana?

Fuentes

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