Cory Asbury vuelve a la adoración tras seis años
Su primer disco de adoración desde Reckless Love salió el 18 de septiembre con BEC Recordings.
Cory Asbury vuelve a la adoración con Outsing the Angels, su primer disco de adoración en seis años, publicado el 18 de septiembre por BEC Recordings, según RELEVANT Magazine.
Se fue del sistema, no de Jesús
Para una generación entera, Asbury es el hombre detrás de Reckless Love, la canción de adoración más grande de los últimos años. Después desapareció: se mudó a Nashville, grabó un disco de country, soltó bromas sobre la iglesia en redes y este año giró por arenas con Forrest Frank.
Hoy tiene 40 años y no reniega de ninguna de esas versiones. «Cada temporada fue tan visceral y tan real para mí», dijo a RELEVANT (traducción de Sígueme). Y aclara algo que le molesta: nunca dejó de amar a Jesús. El relato de que perdió la fe y la recuperó lo llama basura.
«El fracaso de un líder no cancela la invitación.»
Lo que lo quebró fue la maquinaria. Dentro de la industria cristiana le dijeron que la letra de Reckless Love sonaba afeminada, que escribía una canción tipo «Jesús es mi novio». Vio de cerca un mundo que idealizó toda su vida y no le gustó lo que encontró.
El empujón final llegó con números sobre la mesa: su agente le propuso aprovechar el momento, llenar arenas, vender boletos. Algo dentro de él se rebeló. «Esto no es lo que firmé», dijo.
Su crítica no se queda en lo abstracto. Habla de una iglesia que opera como empresa, donde crecer significa más ofrendas, y más ofrendas significan un mejor salario para el de arriba. «El negocio de la iglesia me enfureció», afirmó.
Lo que le dice a quien dejó la iglesia
Asbury escribe también para los que vieron caer a pastores y se alejaron de la iglesia sin alejarse de Jesús. Es un grupo una generación más joven que él, y conoce esa postura desde adentro porque la vivió.
Su mensaje no depende de que la iglesia se arregle primero. «Él no es esa gente. Él es Jesús. Es completamente distinto», dijo. El fracaso de un líder no cancela la invitación.
También es honesto sobre lo que hace la ofensa cuando la alimentas: revisar cada escándalo, guardar cada titular, repasar la herida hasta que se vuelve tu identidad. «Eso es veneno para tu corazón», advirtió. No pide que te sometas a quien te hirió ni que finjas que no pasó.
Él lo compara con Agar: Dios la alcanza en el desierto camino a Egipto, le dice que vio todo lo que le hicieron y le pide volver de todos modos (véase Génesis 16:13). «No importa qué tan lejos corras», dijo.
El salmista escribió algo parecido siglos antes: «Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu» (Salmos 34:18, RVR1960). El Dios que ve la herida no es el líder que la causó.
Un disco para cantar y otro para el cuarto
Outsing the Angels se divide entre canciones grandes, hechas para que las cante un lugar lleno de desconocidos, y otras casi de diario, que nunca escribió pensando en un domingo. Esa tensión no le molesta. Recuerda que Reckless Love no estaba construida para congregaciones y terminó siéndolo, igual que How He Loves, de John Mark McMillan.
Lo que perseguía era recuperar el entusiasmo de adorar de adolescente, cuando todavía no se había vuelto rutina. Por eso escucha a Elevation Rhythm y SEU Worship. Quiere esa energía de vuelta.
Diez años después de casi dejarlo todo, Asbury sostiene que nada se perdió: todo fue redentor. Su consejo para quien hoy está en esa misma entrada de su casa es simple: «Pasa por eso con gozo».
Si una herida de iglesia todavía te pesa, no tienes que fingir ni volver mañana al mismo lugar. Esta semana puedes dar un paso pequeño: hablar con un adulto de confianza, un consejero o tu pastor, y orar con una sola persona en tu sala.
¿Volverías a una iglesia que te falló? Cuéntame.