Cada play, un ladrillo para reconstruir Colombia
Gilberto Daza grabó una nueva versión de «¿Quién Dijo Miedo?» con voces del vallenato y todo el ingreso irá a la reconstrucción de Colombia.
Cada play de «¿Quién Dijo Miedo?» tiene un destino: el ladrillo. Gilberto Daza grabó una nueva versión con voces del vallenato y todos los ingresos irán a la reconstrucción de Colombia tras el terremoto de agosto, informó Altar7.
Una versión con otras voces
Esta vez Daza comparte el micrófono. El vallenato llega con sus voces, su acordeón y su manera de contar la vida sin adornos: se canta en la tienda de la esquina y en la fiesta familiar. Es un género que casi nunca aparece en los mismos espacios que la música cristiana.
Que la canción vuelva por esa puerta me parece una buena noticia. No porque el vallenato necesite padrinos, sino porque junta a dos públicos que suelen mirarse de lejos. El título ya era una pregunta incómoda: ¿quién dijo miedo? Después de un terremoto, esa pregunta se responde con hechos.
«Cuando el oficio se pone al servicio de una necesidad concreta, la música se vuelve andamio.»
El oficio como ofrenda
Nadie está regalando un ladrillo de su casa. Están donando lo que saben hacer: el acordeonista que practicó años para que su instrumento suene así, el productor que mezcló de noche y volvió a mezclar al día siguiente.
Ese es el trabajo entendido como mayordomía. Cuando el oficio se pone al servicio de una necesidad concreta, la música se vuelve andamio. Y eso también aplica a lo que haces tú, aunque no suba a una tarima: un aula o una cocina pueden sostener a alguien.
Cada play suma, pero no salva
Si todo el ingreso de la versión va a la reconstrucción, escucharla deja de ser un gesto pasivo. Ahí las cifras tienen su lado bueno: una reproducción se puede convertir en material de construcción, en algo que se toca.
Después de un terremoto quedan escombros y meses de trabajo lento. Una canción no levanta una pared, pero ayuda a pagar lo que se necesita para levantarla. Eso ya es trabajo de verdad.
Pero la esperanza no cabe en un contador. Las reproducciones ayudan y no levantan un barrio por sí solas; ningún artista es el salvador de un país. El salmo lo dice sin adornos: «Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican» (Salmo 127:1, RVR1960).
Tampoco hay fórmulas mágicas aquí. Alguien compone, alguien dona, alguien escucha, y el resultado se ve en paredes meses después. Esa es la clase de esperanza que aguanta: la que trabaja mientras espera.
Para quienes escuchamos música desde el celular, un play es lo más barato que hacemos en el día. Que segundos se conviertan en techo ajeno es una manera sencilla de amar al prójimo sin discursos.
Cuando la escuches, compártela con alguien que esté levantando algo, sea una casa o una familia. Y ora por Colombia, porque la reconstrucción no termina cuando baja la canción. «Levantémonos y edifiquemos» (Nehemías 2:18, RVR1960) sigue siendo buena consigna para un pueblo cansado. ¿Cuántas veces le darás play?